Estilo en la redacción

Ayer me preguntó un amigo que qué es lo que revisan los correctores para hacer una corrección de estilo. La pregunta tiene sentido, porque ¿quién es el corrector para decirle al autor cómo tiene que escribir sus textos? Otra cosa es que le cambie una g por j, o le añada una h o le quite una tilde innecesaria. El estilo de un texto lo decide el autor, quizás el editor le dé alguna pauta, le sugiera evitar algunos párrafos. Para publicar en el blog, procuro seguir un estilo con una línea clara:

Me obsesiona explicar el contenido sin entrar en la profundidad del lenguaje incomprensible, sólo prestando una información cierta y conocida, pero superficial; sé dónde quiero llegar y hasta dónde puedo entrar.

Eliminar lo innecesario es otra regla que intento imponerme, aunque a veces resulta difícil borrar líneas sin parecer un tipo de esos que felicitan a sus padres con un telegrama gris y aburrido (quizá lo soy, pero prefiero no aparentarlo).

También me preocupa que mis textos se conviertan en un párrafo único donde se suceden las oraciones subordinadas, una y otra y otra, con comas, sí, pero complicando la comprensión. Compruebo que las oraciones no sean excesivamente largas, y que el léxico sea el adecuado, ya que escribir para ser leído implica un respeto al lector. El párrafo corto es importante en la web, no tan fundamental en el papel, donde estamos acostumbrados a leer más cantidad de información.

Se ha de cuidar la forma de lo que se tiene que decir, sin salirse de lo conveniente. En un chat con un amigo se pueden usar palabras que sería bueno evitar en un blog de contenido público.

No soy escritor, pero eso no implica que renuncie a embellecer el texto, si la circunstancia lo permite. Las figuras literarias pueden servir en medio de un texto para relajar al lector, sin abusar de ellas en un texto que preferiblemente debe mantener la objetividad.

El estilo es definitivamente una forma de línea continua que siguen los textos de uno, a veces involuntariamente, pero que se hace reconocible por quien lo lee. Ese estilo lo aportan muchos factores: el tono (paternalista, condescendiente, pesimista o valiente), el ambiente, los temas y la forma de abordarlos, un léxico (anticuado, moderno, barroco, vulgar o preciso), algunas construcciones de palabras, la repetición de estructuras…

¿Te reconoces en tus textos de hace años? Ese es tu estilo.

Acerca de vizmaq

Tratamiento de textos profesional.

  1. Me reconozco, me reconozco. Siempre dando vueltas a lo mismo, de la misma manera… Sin evolucionar nada. Ahí atrapado. Yo.
    Siempre que te leo, corro al espejo.
    Un abrazo, Víctor.

  2. Si, a mi me ocurre igual: con diecisiete años ya era así, ¿qué le vamos a hacer? Pero nadie nos ha dicho que, de haber cambiado, lo hubiéramos hecho a mejor, así que… Venga, ese punto optimista. Está bien reconocerse a lo largo de los años en la escritura.
    ¿No te pasa que a algunos escritores los lees con una voz distinta que a otros? A mí me ocurre con mi admirado Ugarte, que lo leo con calma pero con voz profunda, y prevenido por lo que puede venir después de un punto y aparte; los artículos de Marías no los puedo leer más que sentado y con un tono más cercano al cascarrabias que me parece a veces (unas con razón y otras sin ella). Sus libros son otra cosa.
    Un placer, Joselu.

  3. María

    Interesante cuestión la de tu amigo. En general suele ir acompañada de un gesto de incomprensión e incluso de enfado.

    El estilo del texto lo decide el autor, siempre el autor. Como tú muy bien dices, cada uno tiene su propia manera de expresarse. Pero el código del lenguaje escrito es un mundo complejo en el que no solo participan las letras o las tildes, sino también las palabras, sus significados, la manera en que se ordenan para expresar con exactitud el mensaje, que sea adecuado al lector al que va dirigido, etc.

    Un corrector de estilo trata de mejorar al máximo la forma de un texto a la vez que respeta la que el autor le ha dado y sin variar, en la medida de lo posible, el contenido. No es tarea fácil.

    Ojalá el mundo nos viera como ayudantes en lugar de oscuros censores que le dicen a la gente cómo tienen que escribir. A pesar de trabajar mejorando los posibles “fallos” en los textos de los demás, también nosotros necesitamos que nos corrijan los nuestros. La prueba está en que ningún corrector puede corregirse a sí mismo.

    Un saludo afectuoso.

    • Hola, María, bienvenida.

      Es verdad que el trabajo de corrector se relaciona siempre con un tipo que tacha con rojo, en lugar de mirarlo como alguien que va a favorecer la misión del texto. Resulta inevitable: cuando alguien se va a presentar los servicios de corrección tiene que tener mucho cuidado con cómo lo hace, y, siempre que sea posible, llevar algún ejemplo más o menos “real” de un texto sin corregir y del texto final, para que el autor sienta que trata con una persona que le va a ayudar, no a juzgar, ni a machacar, para que acepte una contribución positiva y valiosa (por la que además va a pagar). En eso fallamos muchas veces, en nuestra presentación ante el cliente: somos buenos correctores, no tan buenos comerciales.

      Muchas gracias por tan razonado comentario. Veo que has pasado por la experiencia de una mirada desconfiada, y todo lo desagradable que es.

      Un saludo.

  4. No me reconozco porque antes no escribía, ni siquiera pensé que algun día lo fuera a hacer. Pero sí me gustaba contar, tensar o arrancar una risa, señalar un punto, enfatizarlo, tener atención. Era como seducir atravez de la palabra. Ahora, cuando me corrijo, busco, sin torcer el camino, llegar al final. Intento ser limpia pero no aséptica.
    Cuando lei “conveniente” (acaba de caer una mantis sobre el teclado… debe ser por lo “religiosa”, mensajes que intento no comprender) me rei. Mi estilo es inconveniente (eso parece decir la mantis en el borde superior de la pantalla señalándome con sus dos manitas).
    Ah, me faltaba decir que me gusta mucho tu estilo, eficiente y lleno de gracia, cada vez más…
    Quiero agregar algo: para leerme puedes poner voz de gallinita degollada.
    Un abrazo conveniente.

    • Conveniente es una palabra en un momento, dirigida a una persona, en su situación, con lo que la rodea, probablemente con otra persona delante no te atreverías a decirla. Por eso me gusta la palabra conveniente, porque cambia sin saberlo de significado.
      Mi estilo, cada vez un poco más seco, algo guarda de parecido con una serie de relatos que dejé de escribir hace ya muchos años, pero cada año se separa un poco más de aquellos tiempos.
      Finalmente, para leerte, como no conozco cómo suena una gallina degollada (imagino que mal), pongo la voz de alguien que no puede ni quiere dejar de sonreír. Es lo que me dice de ti la foto que has puesto, qué le voy a hacer.
      Por cierto, inigualable el cierre de tu mensaje, así que mejor no lo intento.
      Un abrazo eficiente.
      (Al final me decidí y lo intenté.)..

      • Y lo lograste, llegó bien y sobreviví.
        Ahora me encontré con Federico, el hermano de una buena amiga mia. Un hombre de 50 años, muy buenmozo, con retrazo mental (que a simple vista no lo notas) …Y me saludó y me abrazó como creo que los demás ya no sabemos, porque vamos
        perdiendo “eso” que él conserva.
        Un abrazo Federico, Victor.

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