Todo muy cool

coolAcabo de llegar, aunque no estoy muy convencido de nada. Una recepcionista de pelo teñido y chicle de sandía me abandona en una sala de espera iluminada con fluorescente, en la que cuelga un póster, a tamaño natural, de una máquina de vending que en lugar de sandwiches ofrece polaroids de modelos masculinos. No suenan teléfonos ni impresoras. Suelo de goma gris, sillas blancas y música a bajo volumen. Una puerta cerrada y la otra entreabierta. Me levanto hacia la entreabierta y me llevo la primera buena impresión: reconozco “Standing next to me”, de Last Shadow Puppets, pero pronto se me escapan las buenas sensaciones: oigo ruidos, pero nadie habla, o lo hace susurrando. Veo una pizarra con garabatos y unas previsibles Chuck Taylor. La luz entra por un enorme ventanal y cae al suelo de madera, que cruje mientras Hans se dirige a la estantería metálica de IKEA que cubre la pared del fondo sosteniendo libros de diseño y matemáticas, revistas de arte y arquitectura. Muchos lomos exhiben amarillos, blancos, negros y rojos. Orden y espacio, se nota que son suecos. Una impresora de papel continuo ocupa un hueco como otro objeto decorativo más. La hoja de enero se desprende del calendario horizontal (70×100) compuesto en Helvéticas de diferentes pesos pero todas en más de 100 puntos; los domingos son Pantone 485 y están al inicio de la semana. La pared es beige, y transmite también calidez, como la camisa de franela cuya manga suspende su caída, casualmente, antes de tocar el suelo, desde el respaldo de un sillón de lectura, frente a una mesa cuadrada, con patas finas, sobre la que hay encendido un MacBook Air, traspasando canciones al reproductor de música personal. Mikael ha dejado sus gafas de pasta negra en otra mesa, pero va a recogerlas cuando me ve y me invita a entrar. Su voz suena como con eco, como en el cine algunas películas Dogma, y sonríe mientras me señala una silla igual a la suya, en la que se sienta con el respaldo por delante. Hace como si tuviera una mirada tímida, contempla unos segundos el suelo y luego su móvil vibra, lo coge de mal humor y espeta: Mira, Hans te va a explicar lo que queremos. Sale de la habitación hablando en otro idioma con mal humor, y Hans se aproxima con un montón de hojas manoseado que parece contener únicamente texto en Courier con anotaciones.

Cada vez estoy menos convencido, pero tengo que estar dispuesto a escuchar. Aunque lo que más miedo me da es que haya una cámara oculta.

Acerca de vizmaq

Tratamiento de textos profesional.

  1. ¿Otra camara oculta? ¿Con microfono, tambien? …o con blog.

  2. Hola, Ana.
    Una cámara que haga fotos como las enlazadas al final.
    Un saludo.

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